Chuquicamata, el pueblo con la mina a cielo abierto más grande del mundo

Imagen cedida por la protagonista

CHUQUICAMATA:

Mi pueblo fantasma

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“Mientras tú y yo hablamos, hay un pueblo fantasma con sus casas y calles vacías, desolado, mientras el viento sopla levantando la tierra. Es Chuquicamata, en Chile, el lugar en el que nací y en el que viví hasta los doce años. Mi casa, como muchas otras, está ahora bajo tierra.

Chuquicamata nació como un campamento para los trabajadores de la mina a cielo abierto más grande del mundo, a 2.800 metros de altura. Lo fundaron los norteamericanos, por eso era muy moderno y tenía cosas que no se encontraban fácilmente en Chile: un cine, un teatro, un liceo, un club deportivo y uno de los hospitales más avanzados.

Además, las familias de los mineros teníamos derecho a una vivienda prestada y estábamos exentos de pagar los servicios básicos. La empresa incentivaba así a las familias para que se fuesen a vivir a un lugar tan alejado y desértico. Para muchas, como la mía, fue una gran oportunidad.

Lo que mejor recuerdo es la tranquilidad. Todos nos conocíamos, no había delincuencia, yo sentía que vivíamos en una burbuja. Es verdad que no teníamos parques con árboles y hierba, que todo era tierra y piedras, pero el desierto también tiene sus matices, sus colores.

Las autoridades ordenaron el cierre del poblado por dos razones: la primera, la contaminación que la mina producía y que superaba todos los estándares internacionales; la segunda, porque hacía falta más espacio para seguir expandiendo las excavaciones. Recuerdo cuando se hacían las tronaduras y todo Chuquicamata temblaba.

Todos se resistieron a marchar, a pesar de que la empresa construyó villas nuevas en Calama, la ciudad más cercana, muy parecidas a las que tenían los trabajadores y se las ofreció a precios muy bajos. No es que los vecinos no fueran conscientes del problema de la contaminación (muchos mineros enfermaban por la exposición al arsénico), es que la sensación de que allí lo tenían todo era más fuerte.

En 2007, el campamento se cerró definitivamente y ahora sólo se puede visitar una vez al año, en el Día de Chuquicamata. Siento mucha nostalgia por no poder caminar siempre que quiera por la tierra en la que nací y quisiera que su historia no se perdiese. Mi mente sigue en aquellos lugares que marcaron mi vida y mi esperanza es que, mientras el cobre siga siendo esencial para Chile, la mina seguirá abierta. Mi propio padre sigue trabajando allí y yo misma, si me lo permitieran, volvería a vivir en Chuqui”.

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>> Margie Lee tiene 30 años y vive en San Pedro de Atacama, donde trabaja como logopeda.

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 Mina de Chuquicamata, en Chile / Imagen: Codelco
Mina de Chuquicamata, en Chile / Imagen: Codelco
Imágenes del poblado minero de Chuquicamata cedidas por M. Lee
Imágenes del poblado minero de Chuquicamata cedidas por M. Lee

Comentarios

  1. El mismo sentimiento de nostalgia a miles de kilómetros, que daría por volver a vivir allá y reencontrarme con muchos. Tengo lo más valioso, los recuerdos de haber crecido en una casa con un patio muy grande. Éramos todos conocidos. “Chuquicamata se llama donde crecí ” dice la canción.

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