Imagen: Lara Cano, Principia Films

BAILAR PARA DESCONECTAR

El swing que nos unió

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Esta foto es del día que nos conocimos. Fue en una fiesta. Él y yo bailábamos en academias diferentes y una amiga común nos presentó. Si vieras la de parejas que han salido del swing… Ahora Jose y yo nos hemos ido a vivir juntos a un piso con un salón grande y cuando lo vimos dijimos: “¡aquí se puede bailar de puta madre! Si hacemos así, si apartamos la mesa, si movemos esa silla…”.

El swing es algo que siempre tendremos en común como pareja, algo compartido, pero, a la vez, cuando bailamos cada uno tiene su parcela de independencia. De hecho, a él le gusta más un estilo y a mi otro. Él baila con otras chicas en las fiestas y yo con otros chicos. Bailamos con todo el mundo. Para mí es una forma de expresarme creativamente fuera de mi rutina diaria de trabajo. Es la única afición que he mantenido en mi vida.

Además, es un baile agradecido porque, con poco que practiques, mejoras bastante. No requiere mucha técnica, nace de movimientos muy espontáneos y ayuda a mejorar el equilibrio. Ah, y dejé el tabaco, entre otras cosas, porque me daba pereza salir a fumar cuando estaba bailando.

Cuando bailo desconecto tanto de lo laboral que casi no sé a qué se dedican mis compañeros, no nos preguntamos por la profesión. A veces, incluso antes que “¿cómo te llamas?”, lo que preguntas es “¿bailas?”. Ayer me sorprendí porque Linkedin me recomendaba alguno de estos contactos, amigos de swing, y dije: “¡pero bueno! ¡si este es consultor! ¡y esta es pediatra! ¡y el otro es director! ¡y mi profesora es oncóloga!”. No tenía ni idea.

Ahora que voy camino de cuatro años bailando, puedo decir que el swing me ha dado una vida nueva en Madrid, un grupo de amigos en una ciudad en la que no tenía ni mi origen ni mis raíces”.

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>> Marián Molina nació en Córdoba hace 31 años. Es publicista. 

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