FILATELIA

En vías de extinción

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“Si cogieras todos los sellos que hay en esta tienda y los pusieras uno tras otro formando una fila, darías la vuelta al mundo. Sólo en el piso de arriba tengo 24 millones de piezas. Sin embargo, sé que después de mí este negocio no tendrá ningún relevo. Se lo he intentado colocar a todos, pero nadie lo quiere: mi hijo es auditor y se gana bien la vida; mi nieto tiene ocho años y ni siquiera entiende todavía en qué consiste esto. Es una profesión en vías de extinción.

Los hábitos de la gente han cambiado, la juventud tiene iPads, tabletas, emails y Whatsapp. No circulan sellos porque ya no se escriben cartas y quienes los coleccionan son gente mayor, jubilados con pocos recursos. Cuando era presidente del gremio éramos 530 en toda España, y ahora quedamos 105.

Yo empecé con los sellos siendo muy crío, por un salesiano que me hacía guardarle los que él tenía de las misiones y que me dejaba quedarme algunos. Pero no me viene de familia, de hecho, estudié mecánica y tuve varios trabajos, uno de ellos en el Metro de Barcelona. Hasta que decidí dejar las cuestiones técnicas y abrir mi negocio de filatelia. Paralelamente, he escrito algunos libros, catálogos y enciclopedias.

Ahora tengo 71 años, pero no me jubilo porque aquí me lo paso bien, siempre tengo algo que hacer. A veces compro cosas que sé que no venderé nunca, pero que me sirven para pasar el día. Si estuviera en mi pueblo, en Huesca, pues iría a pescar, a coger espárragos… Pero, ¿qué puedo hacer aquí, en Barcelona? ¿Me voy a jugar a la petanca con los yayos? A lo mejor ganaría más cobrando la jubilación, no lo he probado”.

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>> José María Sallán trabaja desde hace 40 años en su establecimiento de filatelia y numismática de Barcelona. 

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