Julia García ha trabajado con los refugiados de la guerra de Siria para Médicos Sin Fronteras

Imagen cedida por la protagonista

GUERRA DE SIRIA:

Palabras que curan, silencio que mata

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“Trabajo con Médicos Sin Fronteras desde 2012. He participado en misiones en Pakistán, Liberia, Sudán del Sur, Guinea, Madagascar… y Grecia, con los refugiados de la guerra de Siria. Estuve en la  isla de Lesbos, muy cercana a Turquía, hace algunos meses. Allí me dediqué a labores médicas y de coordinación, a recibir a las embarcaciones en el norte y a atender una consulta en el sur. Tengo grabado el momento de los desembarcos, cuando los refugiados llegaban a la orilla con una mezcla de alegría y temor, enfermos, temblando de miedo y de frío. Me sentí enfadada, frustrada y con cierta desesperanza hacia el ser humano.

Vi personas que sufrían por decisiones políticas que no están basadas en principios de humanidad. Personas que fueron valientes y tomaron la decisión de huir de Siria, cosa que, por mucho sufrimiento que padecieran allí, no era fácil. Dejar su país les supone consumir mucho dinero, mucho tiempo, mucha energía y, por supuesto, salud. Se embarcan sin saber qué les espera y cuando llegan tan vulnerables a un lugar que creen seguro -porque así vendemos el sueño europeo– lo que encuentran son puertas cerradas. Ese engaño duele. Las organizaciones intentamos hacer todo lo que está en nuestra mano, pero no podemos cubrir el vacío que dejan los gobiernos. 

Recuerdo a una niña siria de diez años que vino a la consulta. Cuando le pregunté qué le pasaba, cuál era su problema, me dijo: “Mi problema es que en mi país caen muchas bombas”. Eso no debería decirlo nadie, y menos un niño. También atendí a una anciana de 73 años que llevaba dos meses caminando, había cruzado toda Turquía a pie, como hacían los refugiados con menos dinero. Llegó a la consulta y con los ojos llorosos me dijo que le dolían las rodillas. ¿Qué decir a eso?

Si trabajo con Médicos sin Fronteras es porque me identifico con sus principios y con su independencia. El 96% de nuestros fondos proceden de particulares y eso hace que podamos ir a los sitios que queramos, cuando queramos y como queramos. También me identifico con su vocación de denuncia. Lo dijo Philippe Biberson, presidente de la organización cuando recogió el Premio Nobel de la Paz: “No sabemos si las palabras curan, pero sí sabemos que el silencio mata”.

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>> Julia García nació en Sevilla hace 36 años y ejerce la especialidad de Medicina Familiar y Comunitaria. 

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