HOMOFOBIA:

“Os vamos a matar”

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“Aquella noche éramos un grupo de cuatro chicos caminando por la calle, llena de gente, a eso de las tres de la madrugada. Estábamos en los límites de Chueca, en el centro de Madrid. Íbamos camino de una discoteca cuando nos cruzamos con un par de chicos de aspecto totalmente corriente. No nos fijamos en ellos hasta que nos gritaron: ‘¡Maricones de mierda!’. En un primer momento les ignoramos, pero nos seguían, y cuando nos giramos ya los teníamos encima. Yo fui el primero en llevarse hostias.

Me quedé paralizado. Siguieron los insultos. Después, se alejaron rápidamente. Todavía en shock, retomamos nuestro camino. Nos cruzamos con un coche de la Policía Nacional y le explicamos a los agentes lo que había pasado. Nos propusieron que subieramos al coche y buscáramos a los agresores, pero preferimos no hacerlo.

Segundos después, al doblar la esquina, allí estaban otra vez. Volvieron a lanzarse sobre nosotros al grito de ‘maricones’, y esta vez fueron mucho más bestias con los golpes. Uno de mis amigos recibió varios puñetazos en la cabeza. Por segunda vez, huyeron, pero esta vez la Policía Municipal los cogió.

Le explicamos a los agentes que había sido una agresión homófoba y que eso era un delito de odio, pero nos dijeron que no entendían qué era eso y que no podían retenerlos. Simplemente les tomaron los datos y nos mandaron en direcciones contrarias: a ellos calle abajo y a nosotros calle arriba, hacia la comisaría en la que íbamos a denunciar.

Pero de camino, los agresores nos estaban esperando en la siguiente esquina, por tercera vez. Y entonces se abalanzaron contra el único de nosotros que todavía no había recibido golpes: le dieron en el pecho, le tiraron al suelo, le dieron patadas en la cara. Gritaban: ‘¡¿A quién habéis llamado homófobo?! ¡Os vamos a matar!’. Fue muy rápido.

La gente que caminaba por la Gran Vía estaba tan paralizada como nosotros, algunas personas le dieron agua y pañuelos a mi amigo para que se secara la sangre. Yo llamé a Emergencias. En el hospital nos dieron un parte de lesiones que presentamos con la denuncia.

No quise salir de casa ni ir a la Universidad en unos días. Durante los meses siguientes estuve en permanente alerta. Se suele pensar que ciudades como Madrid o Barcelona son mejores para mostrarte abiertamente, pero lo cierto es que la mayoría de las agresiones homófobas que se registran ocurren en zonas muy céntricas. Puede ser, en parte, porque en estas ciudades también somos más visibles.

Es importante reconocer los ataques homófobos como un tipo de violencia específico. Hablamos de gente que te pega mientras te llama maricón de mierda, una cosa es que aprovechen que estás indefenso en el suelo para robarte, y otra que el motivo del ataque sea el robo.

Por desgracia, no podemos hacer que estas agresiones terminen por arte de magia. Por eso, la lucha debe librarse por la vía política y en los juzgados, denunciando cada caso, cada agresión. El problema es que todavía no hay sentencias ejemplarizantes porque la justicia es muy lenta”.

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>> Nacho Domínguez tiene 24 años y vive en Madrid. Es estudiante de doctorado y miembro de ARCÓPOLI.

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