GALGOS:

Pan duro y agua verde

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“Mi galgo se llama Gus. Cuando lo miro siento alivio porque tiene una vida plena y jamás será maltratado. Yo cambié su mundo, lo saqué de la perrera justo antes de que lo sacrificaran. A veces le abrazo, le beso y le digo: ‘qué suerte has tenido, pequeño, y qué suerte la mía de tenerte a tí’. Hay muchos galgos esperando una familia de adopción. La vida con ellos es muy tranquila, porque duermen entre 15 y 18 horas al día. Gus es muy pachón, muy noble, no da guerra.

A los galgos como él, cuando ya no sirven para cazar, los sacrifican, los ahorcan, los tiran a pozos, los abandonan en el mejor de los casos especialmente en el mes de febrero, que es cuando termina la temporada de caza. A veces el maltrato empieza incluso antes, cuando no los cuidan o no los alimentan. La ley obliga a sus dueños a ponerles el chip, pero muchos no lo hacen o, si se lo ponen, se lo arrancan con una navaja antes de abandonarlos. Es fácil porque los galgos tienen la piel muy fina.

Los encontramos sobre todo en cunetas y perreras. A veces los cogemos directamente de cazadores que nos avisan de que ya no los quieren, nos piden que se los ‘retiremos’, como suelen decir. Preferimos ir hasta allí a por ellos antes de que les den otro final. Suelen tenerlos en jaulas, sin nada en lo que tumbarse, a base de pan duro y agua verde. Porque ‘son perros, nada más’, no valen nada ya para ellos.

Las condenas a los maltratadores no son contundentes y pocas veces llegan a cumplirse. Algún día no muy lejano herir o abandonar a un animal saldrá muy caro… y espero que sea cuanto antes”.

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>> Ángela es madrileña y forma parte de la asociación protectora de animales AUCMA.

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