Pablo tuvo que marcharse de España para trabajar en Dubai

Imagen cedida por el protagonista

TRABAJAR EN DUBAI

Zombis en colmenas

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“Ya es oficial: me quedo a trabajar en Dubai durante la Navidad. Cuando vuelva a Galicia, un pulpo y una churrascada con los amigos van a caer. Venero la queimada como si fuera un tesoro porque, estando aquí, todo eso que tenías antes aparece de golpe para decirte ‘¡hola, ya no estoy!’.

Soy ingeniero topógrafo y desde hace cuatro meses trabajo en Dubai construyendo el que, de momento, será el parque solar más grande del mundo. Desearía no tener que decir esto, pero como buen gallego, la emigración ha llamado a mi puerta y venir aquí ha sido mi única opción si quería trabajar de lo mío. El sueldo no está mal pero, desde luego, las condiciones no son lo que estoy buscando.

Curramos seis días a la semana, un total de 65 horas. Aparte, perdemos entre 18 y 20 horas en el transporte, por los atascos y porque estamos bastante lejos de la obra. Mi principal problema es la ausencia de tiempo libre. Lo único que hago fuera del trabajo es llegar al hotel en el que vivimos mis compañeros y yo, ducharme y dormir lo que puedo.

“Venero la queimada como si fuera un tesoro”

Dubai no es la ciudad que todos hemos visto en Españoles por el Mundo, que parece la hostia y en la que se pagan sueldos de 6.000 euros al mes. Sí que existe un Dubai “A” en el que la gente está cuidada y algunos gozan de privilegios desde su nacimiento, repleto de hoteles y centros comerciales construidos para demostrar la magnificencia del dinero. Pero por debajo hay un Dubai “B”, el de los suburbios; e incluso hay un Dubai “C”, el más acojonante, formado mayoritariamente por pakistaníes e indios que reciben un trato laboral muy diferente al que recibimos los europeos. Viven hacinados en pisos que son como colmenas, sin ningún tipo de salubridad y percibiendo unos salarios que pueden rondar los 200 o 250 euros al mes. Personas a las que se les pide que hagan una determinada cosa y la hacen, que son como zombies, es muy heavy.

Personalmente, he pasado por varias etapas. Cuando empecé a trabajar en Dubai, todo me parecía una mierda. Todo estaba mal, todo era asqueroso. Claro que pensé en irme. Pero con el paso de las semanas me he ido adaptando a un país islámico en el que el choque cultural es muy grande: me he acostumbrado al cántico desde la mezquita cada seis horas, he aprendido a comer cosas riquísimas como se comen aquí (con las manos, con el pan), he conocido paisajes brutales y otras formas de ver la vida.

Añoras a tu gente y tus costumbres de siempre, que aquí se convierten en fragmentos de un cielo divino, pero cada uno tiene que vivir su vida y yo aquí tengo, por suerte, un trabajo que hacer”.

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>>Pablo tiene 32 años y nació en A Coruña.

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