Miguel Martínez explica a Vidandantes cuáles son las dificultades de vivir y trabajar en el campo

Imagen cedida por el protagonista

TRABAJAR EN EL CAMPO:

El ganado y lo perdido

Share Button

“Los años previos a  la crisis fueron muy buenos. Empezamos en un portal de mala muerte con 120 corderas y en poco tiempo llegamos a tener 1.200 cabezas de ganado. Hacíamos dinero, las cosas iban bien y por eso compramos una nave en otro pueblo, para lo cual hipotecamos nuestra casa. El gobierno regional y el banco nos animaron a que compráramos más naves y más ganado, nos dieron créditos e incluso llegué a tener obreros trabajando para mí. Daban facilidades para trabajar en el campo, ibas y te concedían los préstamos, aunque yo también puse mucha pasta de mi bolsillo. En ningún momento tuve miedo, el negocio era rentable.

En 2010, en paralelo a la crisis económica, me detectaron un cáncer y estuve un año y medio de baja. Yo había controlado todo el trabajo hasta entonces, pero a raíz de mi ausencia, se desplomó la producción de leche. Además, las ovejas contrajeron una enfermedad muy contagiosa y tuve que vender la mayoría.

Me juntaron todas las deudas en una nueva hipoteca de 2.000 euros al mes a cambio de avalar con la casa familiar. Ahí me pillaron. En ella vivimos hasta ocho personas, dependiendo de la temporada. Ya me han notificado que está embargada y a nombre del banco, al igual que las naves. Vino una jueza a pedirme que entregara las llaves y fue entonces cuando conocí a la Plataforma de Afectados por la Hipoteca de Zamora, que paró el desahucio. Lo peor es que una vez embargadas la casa y las naves, sigo quedando con una deuda de 140.000 euros a la que no puedo hacer frente.

Ahora estamos intentando llegar a un acuerdo con la Caja Rural para que condone la deuda y me permita pagar un alquiler social hasta que pueda enderezar la situación. Mientras, compramos el mínimo pienso posible, hacemos nosotros mismos todo el trabajo y explotamos menos al animal, porque si antes nos duraba cuatro años, ahora tiene que durar diez o doce.

Conozco a mucha gente que también vive de trabajar en el campo y que está viviendo situaciones parecidas, ganaderos que venden tierras y vacas para poder pagar el pienso a final de mes. Nos estamos matando a trabajar para terminar arruinados y desamparados. El gobierno se olvida de que un país empieza por su campo”.

***

>> Miguel Martínez tiene 37 años y es de Olmillos de Valverde, un pueblo de Zamora.

Comentarios

Deja un comentario