Cuando Adin aceptó su transexualidad, se preparó para la reasignación de sexo

TRANSEXUALIDAD:

La mujer que silencié

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“Con siete años ya sabía que pasaba algo, aun sin saber qué era la transexualidad. No es que fuese a mi madre y le dijera: ‘mamá, quiero ser niña’, pero sí me sentía muy identificado con cosas de chicas. Fue una lucha complicada, más en Sudáfrica, mi país de nacimiento, que en los años 70 no sólo era racista, sino también machista e intolerante hacia a cualquier tipo de diferencia. Así que, aunque nunca fui muy masculino, intentaba mostrarme como un chico ‘normal’.

A los 23 años entendí que no era un hombre, sino una mujer que, además, sentía atracción hacia ambos sexos, y atravesé una depresión. Investigué sobre la transexualidad y sobre lo que suponía una reasignación de sexo y todo lo que encontré en el Internet incipiente de entonces hablaba de gente marginada. Yo no quería eso, así que silencié la parte femenina de mi persona, a pesar del estrés que eso me generaba. El trabajo me llevó a Barcelona, donde conocí a la que fue mi mujer durante 12 años, hasta que comencé a liberarme y me divorcié. 

Cuando cumplí 45 años supe que no pasaría más tiempo en el cuerpo de un hombre y que era el momento de hacer la reasignación de sexo. Me informé, comencé los trámites burocráticos y conseguí los informes psicológicos necesarios. Mi familia está repartida en distintos puntos del mundo, así que les envié una carta explicándoles de dónde venía, dónde me encontraba y hacia dónde me dirigía. Les dije que me encantaría que estuvieran a mi lado, pero que si no, lo haría sola. Todos me apoyaron.

En la Comunidad de Madrid, donde vivía entonces, la sanidad pública cubre la hormonación, la operación de genitales y pecho y las necesidades psicológicas básicas; pero la lista de espera es muy larga y decidí ir por lo privado en Marbella y Bangkok. Las cirugías fueron muy caras. Me redujeron la nuez, me suavizaron la frente, estrecharon mi mentón, me trasplantaron cabello y me levantaron el labio superior. Pasado el tiempo establecido por las normas internacionales, me sometí a la operación principal. Además, fui a clases de canto para cambiar el rango de mi voz. Desde entonces, nadie me ha tomado por un hombre.

Sé que mi situación fue privilegiada porque tenía dinero, una buena educación y un buen trabajo en el que no me discriminaron. Soy ingeniera y ocupo un puesto de responsabilidad en una de las mayores empresas de telecomunicaciones del mundo, pero hay casos muy complicados de chicas trans que tienen que prostituirse simplemente porque necesitan dinero para sobrevivir, por no hablar de quienes se suicidan.

Una vez hecha mi transición, conocí a través de una aplicación a Lorena, la mujer que es ahora mi pareja. Hay algo que no todo el mundo entiende, y es que el género no tiene nada que ver con la orientación sexual. Cuando nos conocimos le dije que era transexual y le pregunté si eso era un problema para ella. Su respuesta fue un beso”.

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>> Adin tiene 47 años y vive en Madrid.

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