ACOSO ESCOLAR:

Un niño en el armario

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“Subí un vídeo a Youtube conmemorando que hacía un año que había dejado de ocultar mi homosexualidad. Quería contar el maltrato que había sufrido durante toda mi infancia y adolescencia para ayudar a otros chicos que estén pasando por lo mismo, para decirles que si yo he podido salir adelante, ellos también pueden.

Recuerdo que me seguían por la calle, me gritaban, me hacían burla. Hasta los once años lo contaba en casa, pero luego dejé de hacerlo porque no quería que mis padres sufrieran y porque creía que las personas que se quejan cansan a los demás. Ese tipo de pensamientos son los que llevan a los chavales a callarse, además del miedo a que no les crean o a que les digan que “son cosas de niños”. 

Nunca hay que fingir que no pasa nada, hay que pedir ayuda. Una vez, alguien me dijo eso de “si no les haces caso, se cansarán”. Pero no se cansaban, porque los que abusan se alimentan de la falta de confianza en uno mismo, y era evidente que yo no tenía ninguna: caminaba pegado a la pared y sin mover los brazos para no “contonearme”, intentaba andar en plan “chulito” pero no me salía.

En mi primera adolescencia me “gustaron” las chicas, pero con el tiempo he comprendido que lo que había sentido por ellas era una gran amistad o atracción intelectual. La primera vez que me permití fantasear con un chico fue a los 16 años, pero yo seguía convencido de que era heterosexual, me agarraba a que una cosa era que tuviera fantasías y otra diferente que quisiera cumplirlas.

Cuando me di cuenta de que realmente sentía atracción por chicos, me dije a mí mismo que era bisexual. Mejor dicho: quería serlo, porque pensaba que ser bisexual tenía una parte de heterosexualidad. Podía asumir acostarme con chicos como quien hace una locura de juventud, pero el día de mañana sentaría la cabeza con mi esposa y mis hijos.  

Sin embargo, poco después me enamoré de un chico y descarté la bisexualidad. Asumí que era gay y salí del armario en casa. Fue la mejor decisión de mi vida.

Empecé a colaborar con medios dirigidos a población LGTB, me informé, seguí a chicos gays en Twitter, empecé a dejarme ver. Ahora llevo una vida normal, aunque todavía alguna vez, si veo por la calle un grupo de niños o de adolescentes, me cambio de acera porque me dan un poco de miedo. Pero veo el futuro con optimismo: tengo amigos, soy capaz de querer a la gente y la gente me quiere a mí. Estoy cómodo con quien soy”.

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>> Víctor Berzal tiene 26 años y vive en Madrid. Es periodista y activista por los derechos y la visibilidad de la población LGTB.

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